Capitulo 1

En el siglo XXI, se ha vuelto necesario eliminar la guerra como medio aceptable de resolución de disputas internacionales, del mismo modo que abolimos la esclavitud en el siglo XIX y el colonialismo en el siglo XX ...

 

“Reafirmando, además, que las disposiciones de los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949 y del presente Protocolo deben aplicarse plenamente en toda circunstancia a todas las personas protegidas por esos instrumentos…”

Capitulo 2

 

Capitulo 3

 

... la combinación incierta de la falibilidad humana y las armas nucleares implica un alto riesgo de que ocurra una catástrofe. ¿Hay alguna justificación militar para aceptar ese riesgo? 
La respuesta es no.

La revolución tecnológica, aplicada al campo de la información y la comunicación, extendió el poder más allá de los gobiernos, fortaleciendo a individuos y grupos, y habilitándolos a jugar roles políticos que hasta el momento habían estado reservados al Estado ... 

Capitulo 4

 

Capitulo 5

En la centuria que pronto termina, 160 millones de personas habrán muerto en conflictos... Si queremos evitar la repetición de esta tragedia en el próximo siglo, es tiempo de empezar.

No bombardeen Buenos Aires, no nos podemos defender. Los pibes de mi barrio se escondieron en los caños, espían al cielo, usan cascos, curten mambos, escuchando a Clash.

 

Capitulo 6

 

Capitulo 7

 

La posibilidad de integrar a todos los países de la Región con el propósito de promover la Declaración “AMÉRICA LATINA: RED DE CIUDADES POR LA PAZ” se funda en la búsqueda de consensos para diseñar una política regional dirigida a desterrar del continente la guerra, el terrorismo y la violencia armada de cualquier origen.

 

Capítulo 1 - Los Hechos

 

 

En el siglo XXI, se ha vuelto necesario eliminar la guerra como medio 
aceptable de resolución de disputas internacionales, del mismo modo 
que abolimos la esclavitud en el siglo XIX y el colonialismo en el siglo XX. 
La guerra es una forma cruel y obsoleta de resolver conflictos que causa mucho sufrimiento, y además en esta era, cualquier guerra convencional 
conlleva el riesgo de que se desate una guerra nuclear.
Dietrich Fischer

 

 

El 26 de abril de 1937 la Legión Cóndor, apoyo de la Alemania nazi a las tropas franquistas durante la Guerra Civil Española, bombardeó la capital histórica y cultural del país vasco. El saldo del ataque sobre Guernica2, emblemático por su violencia y considerado una prueba de fuego para el accionar de la Luftwaffe durante la Segunda Guerra Mundial, fueron cerca de 250 civiles fallecidos, centenares de heridos y gran parte de los edificios arrasados por el incendio que ardió hasta el día siguiente. 

 

Pese a las múltiples evidencias de la responsabilidad de los franquistas sobre el bombardeo, ellos la rechazaron sistemáticamente, desmintieron que hubiesen operado aviones alemanes e italianos, y atribuyeron la matanza a “rojos en retirada”, “dinamiteros asturianos” y hasta a los bomberos de Guernica, a quienes acusaron de haber “dejado quemar su propia ciudad”. 

 

Sin embargo, estos argumentos fueron rebatidos por testigos presenciales de primera mano: en el Juicio de Nürenberg, el mariscal Hermann Goering explicó ante el tribunal que lo condenó a muerte que Guernica no fue más que un ensayo: “Queríamos ver el efecto que causaba en la población un ataque desde gran altura con bombas pesadas, seguido por otro ataque rasante con bombas incendiarias”.

 

Entre el 13 y el 15 de febrero de 1945, la Royal Air Force de Gran Bretaña y la Fuerza Aérea de los Estados Unidos lanzaron cuatro bombardeos sucesivos sobre Dresde, por entonces la séptima ciudad de Alemania, con 642.143 habitantes. La agresión aérea, producida a ocho meses del desembarco en Normandía y a dos de la derrota definitiva del ejército alemán en Las Ardenas, destruyó casi la totalidad de la ciudad y produjo un número de civiles muertos que, si bien varía en forma notable de acuerdo con la fuente4, superó los 35.000.

 

Apenas cinco meses antes, el 8 de septiembre de 1944, Alemania había lanzado sobre Londres los devastadores mísiles V-25. Durante algunos días, el gobierno británico intentó ocultar el hecho, aduciendo que las explosiones eran causadas por cañerías de gas defectuosas, pero luego, presionado por la propaganda nazi, se vio obligado a admitir la verdad. La destrucción contribuyó a elevar en varios ceros el número de víctimas en una ciudad que, desde el denominado Blitz6 —que, entre septiembre de 1940 y mayo de 1941, causó alrededor de 43.000 muertes—, venía sufriendo en forma directa los efectos constantes de la guerra sobre su población.

 

De 1940 data asimismo el bombardeo sobre Coventry8, la localidad que fue “sacrificada” por el Primer Ministro británico, Winston Churchill, quien no dio la orden de evacuación pese a haber sido notificado de la inminencia del ataque por los servicios de inteligencia, que acababan de descifrar el código enigma de los alemanes: si evacuaban, sus enemigos sabrían que los ingleses habían descifrado el código, lo que supondría la pérdida de una ventaja para la guerra. Entre la población y la ventaja, Churchill optó por la segunda. Sólo un grupo de niños fue trasladado de la ciudad con la excusa de una salida de vacaciones. 

 

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