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Capitulo 1 |
En el siglo XXI, se ha vuelto necesario eliminar la guerra como medio aceptable de resolución de disputas internacionales, del mismo modo que abolimos la esclavitud en el siglo XIX y el colonialismo en el siglo XX ...
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“Reafirmando, además, que las disposiciones de los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949 y del presente Protocolo deben aplicarse plenamente en toda circunstancia a todas las personas protegidas por esos instrumentos…” |
Capitulo 2
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Capitulo 3
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... la combinación incierta de la falibilidad humana y las armas nucleares implica un alto riesgo de que ocurra una catástrofe. ¿Hay alguna justificación militar para aceptar ese riesgo? |
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La revolución tecnológica, aplicada al campo de la información y la comunicación, extendió el poder más allá de los gobiernos, fortaleciendo a individuos y grupos, y habilitándolos a jugar roles políticos que hasta el momento habían estado reservados al Estado ... |
Capitulo 4
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Capitulo 5 |
En la centuria que pronto termina, 160 millones de personas habrán muerto en conflictos... Si queremos evitar la repetición de esta tragedia en el próximo siglo, es tiempo de empezar. |
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No bombardeen Buenos Aires, no nos podemos defender. Los pibes de mi barrio se escondieron en los caños, espían al cielo, usan cascos, curten mambos, escuchando a Clash. |
Capitulo 6
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Capitulo 7
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La posibilidad de integrar a todos los países de la Región con el propósito de promover la Declaración “AMÉRICA LATINA: RED DE CIUDADES POR LA PAZ” se funda en la búsqueda de consensos para diseñar una política regional dirigida a desterrar del continente la guerra, el terrorismo y la violencia armada de cualquier origen. |
Capítulo 5 - El Proyecto
El Siglo XX va camino de ser, por lejos, el más sangriento
de la historia de la humanidad. En la centuria que pronto termina,
160 millones de personas habrán muerto en conflictos...
Si queremos evitar la repetición de esta tragedia en el próximo siglo,
es tiempo de empezar.
Robert S. McNamara
Aunque la lucha contra la guerra y el terrorismo no ha dado hasta el momento los mejores resultados, su abandono no constituye una opción para la humanidad: dejar de lado la búsqueda de estrategias para la preservación de nuestra especie equivaldría a encaminarnos hacia un suicidio colectivo que, como toda conducta autodestructiva, no sería producto de una elección legítima.
Con todo, tal vez haya llegado el momento de desarrollar estrategias diversas, desde el punto de vista cualitativo, ante enemigos que, durante la última década, han modificado su modo de actuar en forma sustancial.
La guerra ya no se adecua hoy a la definición —la primera ajustada a los cánones de la razón– que Juan Jacobo Rousseau dio a la Modernidad en El contrato social: “una relación de Estado a Estado en la cual los particulares solo son enemigos en forma incidental, no como hombres, ni aun siquiera como ciudadanos, sino como soldados; no como miembros de la Patria, sino como sus
defensores”. En el transcurso del siglo XX y hasta nuestros días se han producido enfrentamientos bélicos entre bloques de estados y entre etnias que trascienden las fronteras políticas, como en Ruanda, Liberia y otros países de África.
El terrorismo tampoco responde a las definiciones ni a los mecanismos tradicionales. Un terrorista ya no es simplemente, como lo definiera el filosofo francés André Gluksmann, “el hombre que se levanta en armas (cualquiera sea su bandera) y agrede deliberadamente a otros seres
desarmados” sino aquel que emplea además todos los medios de la sociedad de la información para producir un alto impacto apuntando a blancos estratégicos que pueden incluir a la población civil.
Los atentados del 11-S y los ataques posteriores a la estación de Atocha en Madrid (11-M) y la red de transporte público de Londres (7-J), así como la Guerra de Irak, marcaron un punto de inflexión en la lucha contra la guerra y el terrorismo internacional: en forma tan sorpresiva como brutal, la humanidad se vio forzada a tomar conciencia de la necesidad de responder con estrategias políticas globales a enemigos que, por primera vez en la historia, operan en un escenario global. Un escenario con nuevas reglas de juego, impuestas por el acortamiento de las distancias que produce el auge de las comunicaciones y las nuevas tecnologías, donde los sucesos ocurridos en Irak o Afganistán impactan sobre la población de ciudades muy distantes, como Madrid o Londres, con un saldo altamente trágico de miles de vidas.
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